Ejemplos de Poesía

Denominamos como poesía a aquella manifestación de la belleza, del sentimiento y de lo estético, usando como medio de expresión la palabra ya sea esta hablada o escrita. Así mismo es poesía la épica o poesía épica, que es un poema narrativo relativamente extenso, en donde se cuentan las aventuras, hazañas y sucesos relativos a héroes míticos, en donde se resaltan valores como el coraje, el valor, la fuerza, la astucia, la sagacidad. Ambos tipos de poesía pueden ser orales o escritos, y estar o no, acompañados de música (como en la antigua Grecia en donde la poesía lírica era acompañada por música de lira).

Tipos de poesía según su forma:

  • Acróstico
  • Caligramas
  • De verso libre
  • En prosa (gran parte de la épica se realiza en prosa)
  • En verso suelto
  • Jitanjáforas
  • Sonetos

Tipos de poesía según la temática que abordan:

  • Amorosa
  • Égloga
  • Elegía
  • Épica
  • Epigrama
  • Himno
  • Idilio
  • Madrigal
  • Oda
  • Poesía Dramática
  • Poesía Idílica
  • Poesía lirica
  • Sátira

Ejemplos de poesía:

“¿Qué es poesía? Dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul;
¿Qué es poesía…? ¿Y tú me lo preguntas?
¡Poesía…
eres tú!”

(Que es poesía, de Gustavo Adolfo Bécquer).

“Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Más no, de esa otra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado”.

(Amor constante más allá de la muerte de Francisco de Quevedo)

“Ir y quedarse, y con quedar partirse,
partir sin alma, y ir con alma ajena,
oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse;

arder como la vela y consumirse,
haciendo torres sobre tierna arena;
caer de un cielo, y ser demonio en pena,
y de serlo jamás arrepentirse;

hablar entre las mudas soledades,
pedir prestada sobre fe paciencia,
y lo que es temporal llamar eterno;

creer sospechas y negar verdades,
es lo que llaman en el mundo ausencia,
fuego en el alma, y en la vida infierno”.

(Ir y quedarse de Lope de Vega).

“¡Abenámar, Abenámar, moro de la morería,
el día que tú naciste grandes señales había!
Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida,
moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

Allí respondiera el moro, bien oiréis lo que diría:
—Yo te lo diré, señor, aunque me cueste la vida,
porque soy hijo de un moro y una cristiana cautiva;
siendo yo niño y muchacho mi madre me lo decía
que mentira no dijese, que era grande villanía:
por tanto, pregunta, rey, que la verdad te diría.
—Yo te agradezco, Abenámar, aquella tu cortesía.
¿Qué castillos son aquéllos? ¡Altos son y relucían!

—El Alhambra era, señor, y la otra la mezquita,
los otros los Alixares, labrados a maravilla.
El moro que los labraba cien doblas ganaba al día,
y el día que no los labra, otras tantas se perdía.
El otro es Generalife, huerta que par no tenía;
el otro Torres Bermejas, castillo de gran valía.
Allí habló el rey don Juan, bien oiréis lo que decía:
—Si tú quisieses, Granada, contigo me casaría;
daréte en arras y dote a Córdoba y a Sevilla.
—Casada soy, rey don Juan, casada soy, que no viuda;
el moro que a mí me tiene muy grande bien me quería”.

(Romance de Abdenámar y el don Juan, de autor Anónimo).

“Canciones del alma que se goza de haber llegado al
alto estado de la perfección, que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.

En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guïaba
más cierta que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme y olvidéme,
el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado”.

(La noche obscura de San Juan de la Cruz).

“Cerca del Tajo, en soledad amena,
de verdes sauces hay una espesura
toda de hiedra revestida y llena,
que por el tronco va hasta el altura
y así la teje arriba y encadena
que el sol no halla paso a la verdura;
el agua baña el prado con sonido,
alegrando la vista y el oído.

Con tanta mansedumbre el cristalino
Tajo en aquella parte caminaba
que pudieran los ojos el camino
determinar apenas que llevaba.
Peinando sus cabellos de oro fino,
una ninfa del agua do moraba,
la cabeza sacó, y el prado ameno
vido de flores y de sombras lleno.

Moviola el sitio umbroso, el manso viento,
el suave olor de aquel florido suelo;
las aves en el fresco apartamiento
vio descansar del trabajoso vuelo;
secaba entonces el terreno aliento
el sol, subido en la mitad del cielo;
en el silencio solo se escuchaba
un susurro de abejas que sonaba”.

(Égloga III de Garcilaso de la Vega).

“ide mi baxa lira tanto pudiese el son, que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento;

y en ásperas montañas
con el suave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese,
y al son confusamente los traxese;

no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre, y de sudor teñido;

ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados”.

(Fragmento de la Oda a la flor de Gnido de Garcilaso de la Vega).

“Así pasó la vida acrecentando
materia de dolor a mis sentidos,
como si la que tengo no bastase,
los cuales para todo están perdidos
sino para mostrarme a mí cuál ando.
Pluguiese a Dios que aquesto aprovechase
para que yo pensase
un rato en mi remedio, pues os veo
siempre con un deseo
de perseguir al triste y al caído:
yo estoy aquí tendido,
mostrándoos de mi muerte las señales,
y vos viviendo sólo de mis males”.

(Cancionero de Garcilaso de la Vega).

Canto las armas y a ese hombre que de las costas de Troya llegó el primero a Italia prófugo por el hado y a las playas lavianas, sacudido por mar y por tierra por la violencia de los dioses al Lacio; de ahí el pueblo latino y los padres albanos y de la alta Roma las murallas…”(Fragmento del poema Épico La Eneida de Virgilio).

“la diosa del destino le dijo a Tetis que si su hijo iba a Troya, nunca volvería vivo: su destino podía ser tanto una vida larga y tranquila como corta, excitante y gloriosa. Así que. Al suponer que Ulises intentaría reclutar a Aquiles para la guerra, Tetis lo apartó de Quirón y lo envió a la isla de Eciros. Allí vivió con las hijas del rey, disfrazado de muchacha.

Ulises oyó un rumor sobre el paradero de Aquiles y zarpó hacia Esciros con un cofre de valiosas joyas y ropa para regalar a las princesas. Cuando todas ellas se reunieron a su alrededor y eligieron sus regalos, Ulises ordenó a su trompeta que tocara la alarma a la entrada del palacio. Una de las chicas se quitó inmediatamente la túnica de lino y se cogió la espada y el escudo que había dentro del cofre con los otros regalos. No había duda de que esa chica era Aquiles, que fue fácilmente persuadido por Ulises para unirse a la expedición. El rey Peleo le dio a Aquiles el mando de una pequeña flota, aunque insistía en que era demasiado joven para ir a la guerra sin su tutor, un hombre sabio llamado Fénix, rey de los dólopes. El inseparable acompañante de Aquiles, su primo Patroclo, también fue aunque, como había sido uno de los pretendientes de Helena, hubiera ido de todos modos. Peleo contaba con Patroclo para proteger a Aquiles en la batalla y con Fénix para darle buenos consejos”. (Fragmento del poema épico La ILIADA o la guerra de Troya, de Homero).

“Blancandrín es el primero en hablar. Dícele al rey:

-¡Os saludo en nombre del glorioso Dios que debemos adorar! Oíd lo que os manda decir el valeroso rey Marsil. Se ha instruido en la ley salvadora; por ello quiere daros riquezas a profusión, osos y leones, perros que se pueden llevar con correa, setecientos camellos y mil azores mudados, cuatrocientas mulas, cargadas de oro y plata, cincuenta carros con los que formaréis un cortejo, y colmados de tantos besantes de oro fino que podréis pagar con largueza a vuestros mercenarios.

Durante largo tiempo permanecisteis en esta tierra. A Aquisgrán, en Francia, os convendría regresar. Allí os seguirá, os lo promete, mi señor. El emperador alza las manos hacia Dios, inclina la cabeza y se pone a meditar”. (Fragmento del poema épico la Canción de rolando ola canción de Roldan. Anónimo atribuido al monje Turoldo).

“Paseábase el rey moro – por la ciudad de Granada

desde la puerta de Elvira – hasta la de Vivarrambla.

¡Ay de mi Alhama!

Cartas le fueron venidas – que Alhama era ganada.

Las cartas echó en el fuego – y al mensajero matara,

¡Ay de mi Alhama!

Descabalga de una mula, – y en un caballo cabalga;

por el Zacatín arriba – subido se había al Alhambra.

¡Ay de mi Alhama!

Como en el Alhambra estuvo, – al mismo punto mandaba

que se toquen sus trompetas, – sus añafiles de plata.

¡Ay de mi Alhama!”…

(Fragmento del Romance de la pérdida de Alhama).

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